Parece que disfrutar significa excederse. Es como si se tuviera esa única y, tal vez, última oportunidad para gritar lo que se ha callado, para olvidar lo que se ha sufrido, para expulsar las frustraciones acumuladas, para llenar los vacíos con ilusiones efímeras. A veces obtener placer requiere del exceso aunque cueste la enfermedad o la muerte, incluso, cuando se sabe que mañana todo volverá a ser igual.
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