24 de julio de 2018
El beso de la guerra
Soñé que te besaba...
en mi poema, soñé que te besaba:
besaba tu cuello,
besaba tu espalda,
besaba tu abdomen,
besaba tus manos.
En mi poema, soñé que te besaba:
besaba tus muslos,
besaba tus ingles,
besaba tus labios
y también los labios de tu boca.
Hoy quiero refugiarme en el presente
para exterminar los vestigios del pasado.
Hoy quiero olvidarme de los conflictos del mundo
para perderme en las utopías de nuestro amor,
perderme,
quiero perderme
como lo hice en cada recoveco de tu cuerpo:
pero ya no estás conmigo,
te fuiste a la guerra y perdiste la vida:
perdí yo,
perdió el país,
perdimos todos.
Por eso hoy quiero beber hasta vomitar,
quiero fumar hasta reventar
y quiero fornicar hasta quedarme sin piel:
pero ya no estás conmigo.
Lloro por la sangre derramada y por los cuerpos derribados,
lloro por el odio pregonado y por el llanto vertido,
lloro por la ceguera permanente de los pueblos
y por la penumbra cotidiana de los días,
pero sobre todo, lloro porque ya no estás conmigo.
Cuando imagino tus besos, me saben a sangre,
cuando imagino tu cuerpo, lo siento frío,
cuando imagino tu voz, la escucho rota,
cuando imagino tus ojos, ya no tienen mirada.
Soñé que te besaba...
en mi poema, soñé que te besaba toda, entera,
sin dejar espacio virgen en tu piel:
besaba las heridas de una mujer aniquilada,
besaba las esquirlas de un amor extinto,
besaba los sueños de un país vencido.
En mi poema, soñé que te besaba,
y cuando desperté,
volví a sentir la ausencia helada de las sábanas,
volví a tener deseos de imaginar tu cuerpo con el trazo de mis manos.
Más tarde,
escuché las primeras bombas que caían de este lado:
así que tal vez,
hoy estaremos juntos antes de que vuelva a despertar solo,
derrotado,
recordándote.
El eco del poeta
Antes del primer destello,
antes de la primera piedra,
antes del primer árbol,
yo quería ser poeta:
y la musa me abrigó con su halo misterioso.
Al tomar mi pluma
pienso en el nido del gorrión,
en la raya del tigre,
en el nado de la ballena;
pienso en la risa del niño,
en el trabajo del hombre,
en la cocina de la abuela;
pienso en la serenidad del inocente,
en el brillo del enamorado,
en las lágrimas del afligido:
y ahí me poso, porque son parte de mí.
Quiero escribirle al amor y al odio,
a la guerra y a la paz,
a la alegría y a la tristeza;
quiero escribirle a la vida y a la muerte,
al dolor y al placer,
a la convivencia y a la soledad.
Antes de nacer,
antes de mi primer verso,
antes de conocerte,
yo quería ser poeta:
ahora la musa me enseña a sembrar palabras encendidas.
Al tomar mi pluma
pienso en las manos del gorila,
en la trompa del elefante,
en la aleta del tiburón;
pienso en la palpitación del recién nacido,
en los ideales del adolescente,
en la debilidad del anciano;
pienso en las caricias del viento,
en el flujo del río,
en el trayecto del asteriode:
y ahí me poso, porque son parte de mí.
Quiero escribirle al mar y a la sal,
a la tierra y al trigo,
al desierto y al valle;
quiero escribirle a la gente y a sus pueblos,
quiero que mis versos se escuchen en la sobremesa,
en las fiestas de guitarra y en los pasillos del colegio,
¡quiero que me recuerden como a un amigo!
América está en mis ojos,
Europa y África están en mi mente,
Asia y Oceanía están en mis hombros,
el universo está en mi pecho,
y tú... estás en mis labios.
Al tomar mi pluma
pienso en la melena del león,
en el cuello de la jirafa,
en los gestos del chinpancé;
pienso en la sangre del herido,
en el rezo del creyente,
en la postura del cadáver;
pienso en la intensidad del temblor,
en el crepitar del fuego,
en la fuerza del huracán:
y ahí me poso, porque son parte de mí.
Ahí donde hay un latido,
ahí donde hay una respiración,
ahí donde hay una voz,
ahí está mi pluma y mi esencia;
y desde ahora y después de mi muerte,
ahí estaré yo.
Fui. Soy. Seré.
Me levanto entre el polvo y me pregunto:
¿dónde está el cigarro que aún no enciendo?
¿dónde?
¿dónde está el café que aún no bebo?
¿dónde?
¿dónde están los labios que aún no beso?
¿dónde?
Persigo alacranes de fuego,
sueños torcidos y pinturas en blanco;
persigo, persigo y capturo promesas frías,
horas caducas y oscuros recuerdos;
capturo, capturo y aniquilo siluetas en vano,
voces distantes y corazones vacíos.
Seré muerte. Soy vida. Fui polvo.
Me detengo entre la chispa y me pregunto:
¿dónde está el minuto que me verá morir?
¿dónde?
¿dónde está el forense que abrirá mi cuerpo?
¿dónde?
¿dónde está el ataúd que será mi última casa?
¿dónde?
Observo dudas encendidas,
horizontes rasgados y jóvenes envejecidos;
observo, observo y evoco rostros amorfos,
cuerpos calcinados y gotas sucias;
evoco, evoco y olvido almas inquietas,
jueces malheridos y guillotinas sepultadas.
Seré polvo. Soy muerte. Fui vida.
Me elevo entre la luz y me pregunto:
¿dónde está la época en la que volveré a nacer?
¿dónde?
¿dónde están los padres que me arrullarán?
¿dónde?
¿dónde está la partícula que fui, que soy, que seré?
Seré chispa, soy polvo, fui muerte,
pero nunca,
nunca seré olvido.
Indicium mortis
Yo soy el sendero de la noche,
donde se erizan los murmullos,
donde se arquean las máscaras,
donde se quiebran los sueños.
Yo soy el sendero de la bruma,
donde se rebelan los aullidos,
donde se deforman los aleteos,
donde se arremolinan las sombras.
Yo soy el sendero de la muerte,
donde se alzan los puñales,
donde se petrifican las miradas,
donde se siembran los cadáveres.
Yo soy el sendero del dolor,
donde se confunden las verdades,
donde tiemblan los rostros,
donde copulan las pesadillas.
Yo soy el sendero del vértigo,
donde reberveran las quejas,
donde se tuercen los sentidos,
donde se multiplican las risotadas.
Yo soy el sendero maldito,
este que se atraganta con la penumbra,
este que se regocija con tu miedo,
este que crece con tus dudas.
Yo soy el sendero perpetuo,
por el que atraviesan cadenas en pena,
por el que braman seres traumados,
por el que hieden charcos de sangre.
Yo soy el sendero,
yo soy el verdugo,
yo soy el ahorcado.
Yo, tú:
el mismo espejo quebrado.
Qué lástima
Qué lástima,
que no puedo alegrar al deprimido,
que no puedo alimentar al miserable,
que no puedo curar al desahuciado.
¡Pero a ellos los abrazo!
Qué lástima,
que no puedo atender al herido,
que no puedo adoptar al huérfano,
que no puedo acompañar al solitario.
¡Pero a ellos los abrazo!
Qué lástima,
que no puedo guiar al gobernante,
que no puedo apoyar al ciudadano,
que no puedo serenar al militar.
¡Pero a ellos los abrazo!
Qué lástima, qué lástima
que solo soy un ser humano,
impotente, mundano, herido,
que solo puede abrazar al mundo a través de este poema.
¡Miren!
Ahí vamos todos, caminando sin rumbo,
observando el horizonte sin alcanzarlo jamás.
Qué lástima,
que no puedo evitar el secuestro,
que no puedo controlar el fraude,
que no puedo disolver el asesinato.
Qué lástima,
que no puedo dar empleos,
que no puedo otorgar becas,
que no puedo obsequiar jubilaciones.
¡Miren!
Ahí estamos todos, durmiendo sin descanso,
soñando una vida en la que no logramos despertar.
Qué lástima,
que no puedo evitar la delincuencia,
que no puedo detener la guerra,
que no puedo esfumar el hambre.
Qué lástima,
que no puedo evitar el miedo,
que no puedo desaparecer la duda,
que no puedo exterminar el dolor.
¡Miren!
Ahí vamos todos, arrastrando los días,
mientras el sufrimiento nos crucifica el ceño.
Qué lástima,
que no puedo esparcir el amor,
que no puedo exaltar la vida,
que no puedo fortalecer la razón.
Qué lástima,
que no puedo sostener la agonía sobre mis hombros,
que no puedo inmovilizar la desgracia con mis cantos,
que no puedo cambiar el destino con mis letras.
¡Miren!
Ahí vamos todos,
como un tren que escupe su cansancio en el aire
y agoniza en cenizas reducidas:
es la trayectoria de la vida,
esa que pocos entienden,
esa que pocos disfrutan,
esa que pocos repetirían.
Qué lástima,
que solo soy un ser humano que se ilusiona con la poesía,
como el búho que se amamanta de la luna.
Escribo este poema para fortalecer la cúpula del mundo,
a pesar de que caerá tarde o temprano.
Escribo este poema para armonizar el aura de la vida,
a pesar de que enfermará tarde o temprano.
Escribo este poema para cantarle a la humanidad,
a pesar de que tapará sus oídos tarde o temprano.
Qué lástima,
que muchos leerán este poema y todo seguirá igual:
tanta poesía para todos,
tanta poesía para nada,
¿tanta poesía para qué?
Qué lástima, qué lástima
que no soy más que un poeta,
que solo tiene una pluma, una hoja y un pedazo de pan.
Tsunami
El océano
arremete contra un muro distante.
La libélula
flota sobre un puente roto.
El miedo
grita en una ciudad vencida.
Y tú, ¿dónde estás?
El tejado
vuela hacia un sueño perdido.
El perro
acelera a través de un sendero invisible.
El árbol
oscila bajo un saurio aterrador.
Y tú, ¿dónde estás?
La esperanza
yace en una pirámide olvidada.
La gente
descansa en un mausoleo sumergido.
Los dioses
observan un tablero destrozado.
Y tú, ¿DÓNDE ESTÁS?
Lágrimas de barro
El indio ha llorado,
sigue llorando,
y parece que en vano.
Pasó el viento,
pasaron los años,
pasó la era del barro,
y el indio sigue llorando,
llorando,
marginado,
herido,
señalado.
El indio ha soportado
sequías,
inundaciones,
enfermedades,
pero no las lágrimas que le causa su hermano blanco.
Pasa el viento,
pasan los años,
pasa la era digital,
y el indio sigue llorando,
llorando... lágrimas de barro.
Recuerdo aniquilado
Las aves cruzan un cielo lleno de gritos:
el miedo es el amo y el padre
y se devora lentamente a sus hijos.
Los niños olvidan sus juguetes y se vuelven sus propios héroes.
Los padres se olvidan de sí mismos y sólo protegen a los suyos.
La tragedia dirige a su orquesta
y suena la pieza definitiva:
muerde los oídos y derroca a la gente.
Los aviones se acercan y lanzan sus misiles,
la ciudad tiembla, se derrumba,
se vuelve capital de pólvora.
Brota la sangre y llega la muerte:
la ciudad destrozada, la gente en pedazos
y el caos entero.
Después reina la calma, domina el silencio,
ya nadie llora, ya nadie grita:
el presente se petrifica en un recuerdo aniquilado.
Amores heridos
Hay amores, yo lo sé,
que son como los clavos de Cristo,
hieren, martirizan y matan,
y el tiempo no los puede sacar.
Fantasía desencadenada
Me entraste por los ojos y me quedé ciego,
musa purísima, traviesa, sensual,
me entraste con la fuerza de un destello
y caí herido de luz, de vida,
me entraste como se atraviesa por primera vez
y supe que eras la realidad de todas mis fantasías,
Afrodita luminosa, tentadora, sensual,
tu contoneo provoca que el mundo se desborde por mis ojos,
Betsabé ardiente, altiva,
eres la realidad de todas mis locuras,
busco tus labios a ciegas,
busco tu cuerpo a tientas,
busco tu luz aprisa,
y reviento,
como la primera vez reviento,
nereida de los siete mares,
mis manos empapan tu contorno,
mis besos estallan en tus rocas,
mi oleaje se mece por tu arena,
y tu voz se abre y se eleva como un coro de sirenas,
embajadora de la chispa loca,
es tanta tu luz que todo horizonte ya es oscuro,
lámpara de placeres arrogantes,
tu figura deja una estela de suspiros,
tu andar deja un sendero de relámpagos,
tus huellas dejan una noche encendida,
y de una noche a otra
eres la luz de mis penumbras,
y de un siglo a otro
eres la centinela de mis pesadillas,
y de una vida a otra
eres el arcángel que me guía,
Ariadna de mis laberintos,
estás colmada de mitología,
por todas tus orillas brotan mundos fabulosos,
Hebe de silueta Olímpica,
entraste a mi destino como designio de los dioses,
aliento suave,
soplo colosal, definitivo,
tu sonrisa tiene los misterios de un milagro,
tus besos tienen el poder de la resurrección,
tus maneras amatorias tienen las bondades del Edén,
manzana caprichosa, dulce,
dulcísima mordida ancestral,
todas las mujeres tienen una Eva,
todas las Evas tienen un Adán,
y te muerdo,
te devoro,
dejo tu manzano sin ramas, sin jugo, sin raíz,
quedan los pecados satisfechos, victoriosos,
dejo tu carne erizada, trémula,
quedan los cuerpos exaltados
como las alas que no se cansan de volar,
musa purísima, luminosa, sensual,
en la curvatura de tu cuerpo está el precipicio que busco,
caída libre, cálida,
vacío sideral,
dibujo tus labios en el firmamento
y brota una parvada de querubines,
beso tus pliegues coronados
y abismo y firmamento se confunden,
entonces flotamos,
mujer de nueve cielos,
flotamos
en un mismo espacio,
en un mismo instante,
en un mismo cuerpo,
y nos desbordamos,
como la primera vez nos desbordamos,
y nos detenemos,
como amantes infinitos nos detenemos,
y nos fusionamos,
como ángeles caídos nos fusionamos,
infierno y paraíso se abrazan,
virtud y pecado se enredan,
plegaria y blasfemia se besan,
y estalla una fantasía desencadenada,
sílfide purísima, infinita, sensual,
en tus besos descubro las voces del asombro,
en tus caricias dibujo los trazos del origen,
en tus senos bebo los ríos celestiales,
en tu sexo siembro el destello de los tiempos,
y estalla el coro del destino
arañado de caricias,
tatuado de besos,
plagado de vaivenes,
la noche se vuelve vértigo,
el silencio se vuelve canto,
el orgasmo se vuelve luz,
y todo tiembla,
todo se desborda,
los pegasos se elevan,
los dragones se desbocan,
los titanes se levantan,
tierras y mares,
siglos y horas,
héroes y dioses
se agitan en terrible convulsión,
y se quiebran,
se quiebran las cadenas del placer universal.
La esquina de tu cuerpo
Al doblar en la esquina de tu cuerpo
te pierdo de vista y me encuentro a mí mismo:
cierro los ojos, los abro, los cierro,
abro los ojos y no te encuentro.
La luz miente.
No, no miente, yo me he equivocado:
cierro los miedos,
desvisto las dudas,
capturo el presente:
entonces brotas encendida.
Manos. Sueños. Pétalos.
La noche se embadurna de ti, de mí,
el silencio nos cela,
la ausencia se quiebra:
me escurro por tu rostro,
me escurro por tu pecho,
me escurro por tu vientre:
lento, adentro, eterno.
Se disipa la esquina de tu cuerpo,
se doblan las sombras,
se detiene el cosmos.
Yo. Tú. Nosotros:
inventamos otro mundo.
La orilla del tiempo
9, 8, 7...
Cuando miro el reloj
me parece que los segundos se amontonan en una misma fila,
quiero verlos pero no veo nada.
El tiempo es y no es:
lo único presente es un parpadeo blanquísimo.
Apenas digo "ahora"
y el instante se desliza.
Apenas digo "estoy"
y los años me contestan "estuviste".
Días arrugados, años, huesos,
pasos que son horas que son canas que son polvo.
6, 5, 4...
Apenas digo "hoy"
y el pasado se atraganta.
Apenas digo "vivo"
y la muerte me señala.
Ayer: hoy: mañana:
intermitencia infinita.
Cuando miro el reloj
me parece que lo único real
es la muerte.
3, 2, 1...
1 de julio de 2018
El instante luminoso
Quiero que te petrifiques como una virgen en su altar
para venerarte siempre,
no te muevas, quédate así,
deja que mi ojos se consagren
y mi memoria eternice el instante.
Quiero que te petrifiques como una efigie griega
para escribir una oda en tu piel.
¿Qué sería de la Ilíada sin Helena?
¿Qué sería de la Odisea sin Penélope?
¿Que sería yo... sin ti?
No te muevas, quédate así,
que escribiré todas las batallas de nuestra carne
y todos los periplos de nuestro amor,
los reescribiré cada día y cada noche,
pero no te muevas, quédate así.
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