25 de junio de 2014

Escritor asesinado en pleno mundial

El objetivo principal era promover la cultura y pasar una tarde armoniosa, pero la tarde de ayer se pintó de sangre y tragedia.

Lo que sucedió
Sucedió durante la jornada cultural, cuyo objetivo es celebrar en pleno marco mundialista la cultura de distintas naciones. En el itinerario de ayer hubo exposición de pintura, declamación de poesía y la presentación de un libro. Todo sucedió, precisamente, cuando el escritor en ponencia presentaba su libro Por qué unos aman el fútbol y otros lo odian. La primera media hora se suscitó sin ningún problema: El autor habló de cómo y por qué se le ocurrió escribir el libro, cuánto tiempo le llevó escribirlo y de lo mucho que aprendió del balompié mundial. No obstante, en la sesión de preguntas y respuestas fue donde todo se desató.

Resulta que uno de los presentes empezó a decirle al autor que no estaba de acuerdo en muchas cosas que escribió. Varios testigos afirmaron que este hombre expresó: "Es una pena que esa porquería termine editado como libro, haciendo creer a muchos lectores que lo que ahí se dice es verdad". Tras estas palabras el escritor se comportó sereno, respetando el punto de vista y defendiendo lo que él investigó y escribió. Mas el hombre, no conforme, siguió arremetiendo hasta que el moderador le pidió que dejara espacio a otras preguntas. En el acto, el hombre se levantó y abandonó el foro. "Me sentí muy tranquilo cuando el hombre se fue", confesó el moderador minutos después del incidente. "Hasta ese momento parecía que la situación llegaría hasta ahí, pero nunca me imaginé que minutos después sucedería esta tragedia", puntualizó.

En cuanto la sala volvió a la tranquilidad, la sesión de preguntas y respuestas continuó durante diez minutos. Todo estuvo en paz. Al finalizar la presentación, los aplausos no se hicieron esperar y muchos de los presentes se levantaron e hicieron una fila para comprar el libro. Luego de un momento, se escucharon voces discutiendo, objetos cayendo y gritos de angustia y pavor. Ahí estaba el hombre que alegaba minutos atrás. "Llegó caminando aprisa", dijo un reportero esta mañana, "con cierta firmeza que denotaba autoridad. Se paró frente al escritor para insultarlo y un instante después, le encajó la pluma con la que estaba firmando los libros en plena yugular, una, dos, cinco y no sé cuántas veces más. La mesa, los libros y la ropa de ambos hombres quedaron salpicadas de sangre", terminó de atestiguar el reportero. Y la señora a quien le firmaba el libro en ese instante, dijo: "Nunca me di cuenta del momento en que lo atacó, todo fue muy rápido. Cuando volteé el escritor ya estaba en el suelo, desangrándose".

El probable motivo
Después de las investigaciones previas, algo llamó la atención de las autoridades. Un ejemplar del libro Por qué algunos aman el fútbol y otros lo odian apareció tirado en el piso, el cual, afirmaron varios testigos, el asesino lo llevaba consigo y durante el ataque cayó al piso. Dicho ejemplar, tenía la etiqueta de una promoción que terminó hace diez días, lo cual indica que el individuo tuvo suficiente tiempo para leerlo y, además, subrayarlo. Las líneas que se destacan con un marcador fosforescente son: "Brasil no será el campeón del mundo", "A España, si bien le va, llegará hasta el quinto partido", "Una vez más, no será el mundial de Messi" y "Cristiano Ronaldo será más pose que talento". Se cree que uno de estos temas haya sido el detonador para que este hombre, al que se le ha calificado como fanático desquiciado, actuara de esa manera. Las investigaciones aún continúan. No obstante, por desgracia, el escritor murió en la ambulancia y, hasta el momento, el asesino está prófugo.


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17 de junio de 2014

¿México se agiganta?

Sin lugar a dudas, hoy México se la partió. Independientemente de la mala racha en eliminatorias, de todas las críticas y los desencantos, debemos reconocer que el Tri dio un partidazo. Obvio, no es para desbordar un optimismo exagerado y sentirnos campeones del mundo, pero sí para analizar que México puede cuando lo decide (y aquí digo México no solo como selección de futbol sino como nación). La interrogante es ¿por qué no siempre se quiere?, ¿qué nos frena? ¿Será que debemos sentirnos sumamente presionados para actuar? En lo personal, creo que sí. No olvidemos que nuestro país, o mejor dicho, nosotros como país, hemos tenido actuaciones destacadas en momentos críticos en los que nos unimos sin respingar para ayudar al paisano. Ejemplos destacables serían el terremoto del 85, los huracanes Gilberto, Paulina y Wilma, las inundaciones de los últimos años, entre otros sucesos. No obstante, ¿por qué en la vida cotidiana, cuando no pasa nada, cuando parece que no somos vulnerables ni mortales, entre mexicanos (no todos, claro está) es más fácil mentarnos la madre que ayudarnos? Basta con mencionar que diariamente en diferentes calles del país, se da una feria de gritos y claxonazos de carro a carro o de acelerones irracionales para que otro auto o, incluso, un peatón no pueda cruzar. Y qué decir de las envidias cuando alguien triunfa y de los obstáculos que se planean para hacerlo caer. Sí, parece que entre mexicanos es más fácil mentarnos la madre que ayudarnos. Solo cuando gana el Tri o algún atleta en Juegos Olímpicos la envidia no corroe; mejor aún, la unión y la fuerza se agigantan y de un día a otro todos somos hermanos. Es raro, somos raros, pero aún así me gusta ser mexicano.

En fin, no es mi intención entrar en un análisis social, sino resaltar los resultados que podemos obtener los mexicanos; en especial, los que mostró hoy la selección de futbol.

Para terminar, quiero decir que estoy seguro, pese a que muchos dicen lo contrario, que México jugará los octavos de final. Y también quiero reconocer el gran papel que hizo Memo Ochoa, a pesar de que se criticó (me incluyo) que lo alinearan a él y no a Jesús Corona.

Por hoy estoy tranquilo y satisfecho. ¡Qué viva México, carajo! 


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10 de junio de 2014

La nación alrededor de un balón

Columna publicada el 15/08/2013 para otros medios digitales.
Aprovechando los furores mundialistas, comparto el siguiente texto, el cual escribí hace diez meses, cuando la era "Chepo de la torre" estaba en sus últimas y el destino del Tri era una incógnita.

Por Jonathan Muñoz Ovalle
La afición llega al estadio, los televisores se encienden, los bares y restaurantes están en su mejor hora, y la nación, unida alrededor de un balón, implora, expectante y esperanzada, que se termine la mala racha de este 2013.

Se oye el silbatazo inicial y una ovación acompaña al primer toque del balón. La selección mexicana viste el uniforme negro, el cual disgusta a algunos, «no tiene nada que ver con nuestros colores», se oye por ahí, «es un color triste, casi de muerte», opinan por allá; pero que también gusta a muchos, «es elegante», «denota autoridad», «somos los charros negros». Sí, uniforme polémico que, en lo personal, me fascina.

No obstante, hay otro tema que causa polémica: Christian "Chaco" Giménez y Damián Álvarez. «Naturalizados, no», dicen unos; «para qué los llaman si hay tanto mexicano», reclaman otros. Yo no estoy en contra, de hecho, si dan el ancho, que los dejen, que se los lleven al mundial, pues el Tri se lleva en el corazón mucho antes que en el acta de nacimiento. En fin, esta noche hay un poco de tango y chimichurri en la escuadra mexicana.

Al minuto 11 México gana 1-0 (autogol). Al minuto 28 Oribe Peralta anota el dos a cero y los furores se encienden, los gritos se elevan y las banderas se agitan con vehemencia. El tiempo sigue avanzando y, una vez más, Peralta anota el tercer gol al minuto 45. El país es uno, es unión y fuerza, es poder y victoria. La gente actúa como si sus problemas hubieran desaparecido, y en un solo pensamiento, como si fuera una mente nacional, se percibe «somos grandes, somos fuertes, somos únicos».

Ya en el segundo tiempo, se marca un penal en contra del Tri. La nación enmudece, los jugadores reclaman y el árbitro exige orden. Mientras tanto, los aficionados más optimistas aseguran que el contrincante fallará el tiro, y los derrotistas ya están con el Jesús en la boca. Por lo pronto, el otro Jesús, Chuy Corona, se planta en su arco y enfrenta a Didier Drogba. Al siguiente segundo el balón golpea la red. El partido está 3-1 y en el subconsciente colectivo se asoman los espectros de siempre: «Y falta que caiga el segundo gol y luego nos empaten. O chance hasta nos ganen».

Se viene una racha sosegada, casi aburrida, en la cual los cambios de alineación huelen a experimento. Parece que todo terminará así, pero vaya sorpresa cuando en el último respiro del partido, Ángel Reyna anota el cuarto gol. Ahora todo es fiesta y alegría, y a pesar de que es un partido amistoso, el optimismo acelerado da pie a vitorear ¡nos vamos al mundial, nos vamos al mundial!

Se emite el silbatazo final, la afición, o mejor dicho, la nación vuelve a ser una con el Tri, se perdonan las derrotas pasadas y los tragos amargos, el Chepo vuelve a ser amigo del pueblo y cada quien se imagina al día siguiente con su camiseta puesta. Es la nación alrededor de un balón, al son de "México lindo y querido", que parece tolerar la inseguridad, la mala economía y el pésimo nivel educativo, pero eso sí, que nunca perdona que pierda la selección.


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7 de junio de 2014

Despedidas intensas

Hay situaciones en la vida que son difíciles, como las despedidas intensas, de largo abrazo y lágrimas en cascada, esas que siembran espinas y, días después, punzan cuando el recuerdo aparece y hieren cuando arremete la pregunta ¿hasta cuándo nos volveremos a ver?, tal vez, última oportunidad para gritar lo que se ha callado, para olvidar lo que se ha sufrido, para expulsar las frustraciones acumuladas, para llenar los vacíos con ilusiones efímeras. A veces obtener placer requiere del exceso aunque cueste la enfermedad o la muerte, incluso, cuando se sabe que mañana todo volverá a ser igual.
Jonathan Muñoz Ovalle


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3 de junio de 2014

Amor ciego

Después del diagnóstico médico, él no temía quedarse ciego por no volver a ver, sino por no volverla a ver a ella. Pero transcurrió el tiempo y quedó ciego. No obstante, gracias a las caricias sus manos fueron esos ojos que le faltaban. Pero lo fueron por un tiempo: ella encontró un nuevo amor, y él no sólo se quedó ciego de las manos, también del corazón.


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