Hay situaciones en la vida que son difíciles, como las despedidas intensas, de largo abrazo y lágrimas en cascada, esas que siembran espinas y, días después, punzan cuando el recuerdo aparece y hieren cuando arremete la pregunta ¿hasta cuándo nos volveremos a ver?, tal vez, última oportunidad para gritar lo que se ha callado, para olvidar lo que se ha sufrido, para expulsar las frustraciones acumuladas, para llenar los vacíos con ilusiones efímeras. A veces obtener placer requiere del exceso aunque cueste la enfermedad o la muerte, incluso, cuando se sabe que mañana todo volverá a ser igual.
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Jonathan Muñoz Ovalle
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