31 de mayo de 2014

Encuentro con mi libro favorito

Por Jonathan Muñoz Ovalle
No es la primera vez que me sucede. Fui a la librería en busca de un título pero no lo tenían. Entonces, una de las chicas que atiende me sugirió pedirlo. «Llegaría de dos a seis días hábiles», me informó. Sin embargo, pensé que en otra librería podría encontrar el susodicho libro sin esperar de dos a seis días. Mientras pensaba qué decisión tomar, caminé pensativo por los estantes cuando un libro resaltó a mi vista. Me detuve. Sentí que decía «sácame y mírame, no te irás sin mí». Fui obediente. Al leer la sinopsis me sentí sumamente atraído por la historia; cuando leí las primeras páginas el gancho fue definitivo, preciso, hermoso. El libro indicado y el lector indicado festejaban su encuentro. Incluso, pasó por mi mente la arrogante y absurda idea de que ese libro fue escrito solo para mi. La señorita se acercó y me preguntó: «Entonces, ¿quiere encargar el libro?» «No, muchas gracias. Me llevo este». Salí con un sentimiento triunfal y con mi nuevo hallazgo bajo el brazo, como custodiando un tesoro que se vuelve blanco de las intenciones malignas.

En cuanto subí al auto, pensé a qué cafetería acudir para cerrar con broche de oro mi tarde. Una vez que llegué, pedí un capuchino frío y abrí el libro deprisa, casi con torpeza, como un niño que se pelea con la envoltura de su regalo. Me entregué fascinado a ese boleto que me daba un viaje inolvidable, el cual me hacía soñar con cada palabra, con cada línea, y al cual yo mantenía vivo con mi lectura. Era un intercambio justo, amable, más que fraternal. «Tú me haces soñar con tú historia, yo te mantengo vivo al leerte, a cada respiración de tus párrafos, a cada palpitación de tus páginas.

Pasó el tiempo. Ni siquiera recuerdo en qué momento me llevaron el café a la mesa, lo único que recuerdo es que, según dicen, los libros lo escogen a uno y no a la inversa. ¿Será?


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27 de mayo de 2014

A este mundo le sobran lágrimas

A este mundo le sobran golpes y le faltan caricias, le sobran lágrimas y le faltan besos. Y el verdadero problema no es quiénes dejarán de agredirlo, sino quiénes empezarán a amarlo.


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22 de mayo de 2014

El comprador de historias

Jonathan Muñoz Ovalle, 2012.
Al final del mercado, en un pasillo casi olvidado, se encontraba un hombre que clamaba: «Compro historias, compro historias. Venga, cuéntemela o tráigala escrita, yo se la compro». Era la primera vez que el hombre acudía, y para asombro de muchos, pero sobre todo de él mismo, la gente se arremolinó interesada, abriéndose camino casi casi a empujones. El hombre les pidió calma y prometió atenderlos a todos. Así se fue la mañana, la tarde, el día. El comprador de historias llegó a su casa sin un centavo pero repleto de historias.
Al día siguiente, se dirigió a la plaza principal y empezó a narrar una historia, dos, cuatro, siete... La gente en torno a él depositaba monedas, una tras otra, y el repiquetear metálico no cesó, incluso aumentó, mezclándose con las palabras que el hombre emitía y con las exclamaciones, risas y murmuraciones que le provocaba a su público. Así se fue la mañana, la tarde, el día. Pero entre la multitud, un hombre pensaba que ninguna de todas las historias contadas era superior a las que él conocía. Entonces desechó la idea de vendérsela al comprador de historias, optando por contarla de viva voz y así obtener mucho más ganancias.
A la mañana siguiente acudió a la misma plaza pública y empezó a narrar, pero la gente que se acercaba era muy poca. Antes de la quinta historia ya no había nadie a su alrededor. Se acercó al canasto y cuando vio tan pocas monedas se arrepintió, pensando que hubiera sido mejor vender la historia. Encolerizado y confundido, decidió acudir con el sabio del pueblo para pedirle consejo. «Mi Señor, ¿por qué me ha ido tan mal si mis historias son mejores que todas las que narró aquel hombre?» Y el sabio dijo: «No es la historia lo que importa, sino cómo se cuenta. Recuerda que no hay malas historias, sino malos narradores».


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18 de mayo de 2014

Hortografía y Redaxión

1) No, se debe, abusar, de, las comas.

2) Se debe zaber cómo ce escriben todas las palavras.

3) No usar palabras rebuscadas, de lo contrario, asíndeton, perífrasis, xenismos, sintaxis, aféresis; se verán afectados.

4) Cuidado con los pleonasmos. Para evitar estos errores, acérquese más cerca de los diccionarios.

5) ¡Rayos y centellas!, ahora que lo recuerdo, se sugiere no usar exclamaciones pasadas de moda. Bueno, ¡cielo santo!, en general no se debe abusar de las exclamaciones, ¡por amor de Dios!

6) Se escribe: "A ver cuando nos vemos", "a ver si me entiendes", "a ver si llego temprano", pero nunca "haber si.... Haber, haber, ¿me estoy explicando?

7) No repita palabras, eh, mucho menos, eh, si son muletillas, eh.

8) Así como la regla 1 sugiere no abusar de las comas, en este punto sugerimos no suprimir las que deben ir. Por culpa de una coma este señor se metió en un problema con su mujer
—¿Cómo me veo, viejo?
—Te ves bien vieja.


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16 de mayo de 2014

Versos y más besos

Primero hice versos para ganarme tus besos; ahora tus besos los transformo en versos.
Jonathan Muñoz Ovalle

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12 de mayo de 2014