Era un niño que veía en blanco y negro. Sus padres lo llevaron con distintos médicos, pero ninguno logró hacer algo por él. Hasta que un día les recomendaron acudir con el mago de un pueblo cercano. «Gotitas de arcoíris —dijo el mago—. Eso es lo que necesita. Tres en cada ojo durante tres días». Y a los tres días, el pequeño empezó a ver el mundo a colores.
Estoy en las redes sociales. ¡Sígueme!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario